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El visionario rebelde: Max Jimenez Huete

Max Jiménez Huete

Hablar de Max Jiménez Huete  (1900 – 1947) es hablar sobre un artista prolífico y multifacético que surgió en la generación de los 30 en Costa Rica. Se desempeñó en las áreas de escritura, poesía, escultura, pintura y periodismo cultural. Su amor por el arte y rebeldía sobrepasó los intereses de sus padres, ya que estos querían que estudiase negocios en Francia. En ese país, se prepararía en dibujo y dejándose empapar por los movimientos artísticos que estaban en boga. Se entregó por completo al arte y esto le costaría en cierta medida su relación con su familia. La guerra mundial ocasionó un impacto severo, haciéndolo regresar a suelo nacional.



Su obra alberga como temas la ruptura o la desmitificación impuesta por la generación del olimpo (una generación de escritores nacionales que estereotipaban al campesinado de aquel entonces. Por decir algo, la generación del olimpo ejemplificaba que un campesino era trabajador, inocente, la mujer era dócil o de calidad de mansedumbre y de hogar.) Jiménez en su novela corta El jaúl, (1937) tiró abajo todo lo mencionado, mostrando la realidad como es, saber que hay pueblos con un caos abundante entre vicios, antivalores y promiscuidades. Este tipo de trabajos escandalizó la alta sociedad de entonces, a un grado que el gobierno mandó a silenciar sus obras literarias. Su poesía consta de libros como Quijongo, Sonaja y Revenar, libros que fueron editados en el extranjero. Exponiendo temas como la fascinación por el mar, el amor y la muerte. Cabe mencionar que él mismo ilustraba sus libros con la técnica de grabado.



En la pintura y escultura, se caracteriza por la fisonomía de cuerpos pesados, hinchados en posiciones que estuviesen como cansados y sugiriendo situaciones cotidianas. Estuvo influenciado por el arte caribeño. Nuevamente la “rebeldía” se denota, pues sus trabajos son difíciles de catalogar en un solo género, sellando de esa manera su originalidad y creatividad. Al ser de una familia bien posicionada económicamente, se le permitió viajaren Estados Unidos, México, Cuba, Chile y Argentina, exponiendo sus trabajos en prestigiosas galerías. En dichos países recibió elogios e interés internacional. En el caso de Costa Rica, su propio país, le dio la espalda (parece que el desapoyo viene de raíces muy antiguas), pues sus pinturas fueron incomprendidas y recibieron hasta burlas, este hecho lo marcaría profundamente, dando inicio a su declive.


En 1947 viaja a Buenos Aires de Argentina, donde fallece en medio de una crisis existencial. Fue un visionario, porque los temas que abordó en aquel entonces siguen vigentes en nuestra actualidad. Un hombre con profundo pensar y sentir, vio la realidad como otras no la veían.  

Por fortuna, su obra se ha dado a conocer más y manteniendo el legado de este hombre que aportó muchísimo a la cultura nacional.

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