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Corte Plena otorga reconocimiento póstumo a Carlos Romero Rivera

El buen trato y atención eficiente a las personas usuarias de manera responsable, con destreza y pasión fueron las cualidades que hicieron merecedor del premio póstumo “Luis Paulino Mora Mora”, a Carlos Romero Rivera, quien en vida se desempeñó como Contralor de Servicios en Pérez Zeledón.

La Corte Plena otorga esta distinción a la persona profesional, que, sin ser administrador de justicia, por su quehacer profesional en cualquier área del conocimiento hubiese influido en el mejoramiento de la administración de justicia, haciendo posible su eficiencia y el acceso de las personas ciudadanas al servicio de la justicia.

Romero Rivera se caracterizó por su integridad, extraordinario espíritu de servicio y mística, distinguiéndose por su compromiso con la especial atención de las personas usuarias que pertenecen a los grupos más vulnerables de zonas alejadas del Circuito donde sirvió, organizaba, coordinaba y asistía a giras para atender requerimientos.

Fue un niño muy esforzado, nació en la provincia de Cartago en un hogar humilde, lo que lo impulsó a seguir sus sueños, estudiar y llegar a ser profesional en administración de negocios. El camino no fue fácil pero siempre tuvo muy claras sus metas y las aspiraciones de su vida.

Creció rodeado de su familia. Desde muy joven trabajó para aportar económicamente al hogar, pero nunca dejó sus estudios; al contrario, era un motivo más para esforzarse, lograr todos los objetivos que tenía y realizarse como un excelente profesional. Su familia siempre fue su principal motivación, su hogar estaba en sus prioridades.

Para la magistrada Damaris Vargas Vásquez, Vicepresidenta de la Corte Suprema de Justicia, el legado que Carlos Romero Rivera dejó en el Poder Judicial es impresionante, su desempeño siempre lo realizó con pasión, mística y responsabilidad. Carlos fue una persona proba, con una sensibilidad para con las personas usuarias, en especial, con las poblaciones vulnerables y vulnerabilizadas. Siempre muy positivo e impregnaba alegría en todos los espacios laborales en los que participaba.

Carlos Romero tenía formación y habilidades para ser coaching, que es una forma de ayudar a las personas a obtener resultados extraordinarios en su vida, trabajo o negocios. Él se enfocaba en motivar al personal de diferentes despachos judiciales con el objetivo de incrementar el máximo desempeño en sus labores y hacer ver lo importante que son para este Poder de la República.

Ericka Chavarría Astorga, Subcontralora de Servicios del Poder Judicial lo describe como un ser humano extraordinario, bondadoso, responsable, un ser de luz y amor al prójimo. Ambos iniciaron sus labores en el Poder Judicial como compañeros en la Contraloría de Servicios de Cartago, donde desarrollaron un vínculo muy fuerte de compañerismo y de amistad que se mantuvo inquebrantable en el pasar de los años.

“Es muy emotivo hablar de Carlos, pues fue un ser humano sensible con un don de gente, era una persona comprometida con las poblaciones indígenas, con su familia y compañeros, fue un hombre responsable en su aspecto laboral, familiar y personal”, indicó Chavarría Astorga.

Mabilyn Torres Marín y Mauricio Quirós Valverde, compartieron labores con don Carlos, en diferentes momentos. Estos dos compañeros judiciales se destacaron en la Contraloría de Servicios de Pérez Zeledón y con mucha sensibilidad y con la voz quebrantada recuerdan su legado, su forma de ser, resaltan la calidad de ser humano que era, más que un jefe, era un amigo. Su desempeño en la oficina era destacable, un hombre responsable con sus funciones y comprometido con la atención a las personas usuarias.

Un ser de luz y don de servicio.

Carlos Romero tenía más de 14 años de trabajar en el Poder Judicial, se destacó en las Contralorías de Servicios de Heredia, Cartago, Pérez Zeledón, en esta última obtuvo su puesto en propiedad y se involucró de lleno con las visitas a comunidades indígenas como una forma de acercar la justicia a las personas usuarias que viven a largas distancias de los centros rurales donde están los edificios judiciales.

Era un fiel creyente en Dios, siempre irradiaba paz y alegría, su positivismo ante cualquier situación era inquebrantable, buscaba alternativas para que las cosas mejoraran de acuerdo con la situación que se presentaba. Era un ser de luz porque siempre había positivismo en su entorno, pero un hombre con carácter y don de servicios para los demás.

Sus mañanas y tardes, eran de inspiración y motivación, compartía con sus personas más allegadas las frases que redactaba, era poesía, su destreza para la escritura era real y pura.

En tributo a Carlos Romero Rivera, destacado profesional del Poder Judicial, como un ser humano extraordinario, recordamos su legado en muchas áreas de la institución.

Un destacado servidor judicial ha partido de esta vida, pero su recuerdo quedará grabado para las personas que convivieron con él y todo el trabajo realizado en el Poder Judicial.


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